A veces en las tardes de primavera, me siento en una cafetería que hay en una placeta cerca de casa.
Tomándome un café a media tarde,
me gusta mirar a los gorriones.
Suben y bajan descarados desde sus nidos en las palmeras hasta las mesas y dando pequeños saltitos se aproximan hasta las miguitas de pan que se han quedado sobre ellas y a continuación vuelven a volar regresando para dar de comer a sus polluelos.
A veces los volantones se caen y los niños los recogen, lanzándolos insistentemente al aire para que vuelvan volando a sus nidos.
Cada primavera la historia se repite, me encanta mirarlos...
No hay comentarios:
Publicar un comentario