Desde lo alto del acantilado he mirado el mar cubierto de miles de líneas blancas que forman la espuma, imparable, avanzando para coronar la orilla.
Ráfagas de viento,
conos de aire invisible me han envuelto,
y rotando sobre mi misma como una bailarina en un escenario sin espectadores, he desnudado mi alma.
Guardo esa experiencia en mi corazón para que no se me olvide.