Sentada en la escalera de su patio miraba hacia arriba viendo un pequeño cuadrado de luz que la conectaba con el exterior, desde ahí podía ver el cielo azul,
una tarde más de primavera que se escapaba...
En ese pequeño tesoro en el que se había convertido su patio, recordaba esas tardes que allí había pasado por voluntad propia, sin querer salir, estando en casa por gusto.
De qué diferentes maneras se puede vivir una misma situación, el confinamiento, el hambre, la soledad...., cuando esas situaciones son impuestas se pueden llegar a vivir con angustia y desesperación.
Ahora las calles eran de todos menos del humano, si cerraba los ojos y respiraba hondo, podía oír el silencio, roto solo por algún pájaro o por el ladrido de algún perro que afectado por las circunstancias pedía a su dueño salir.
Y así, disfrutando por obligación pasó un rato más en su patio, agradecida por lo que aquel pequeño cuadrado le
ofrecía.
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