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lunes, 27 de mayo de 2019

Sol y Luna

Tengo un Sol y una Luna,
pero siempre miro a la Luna.  

Malditos ojos que solo ven lo que quieren ver, cegados por un punto sin dejar de mirarlo.

Oidos atrofiados y sordos a la melodía que suena, oidos que no dejan de escuchar la tormenta atronadora que suena fondo.

Aromas que se escapan cada día, sin alagos, sin casi valorar su presencia, solo echando de menos la fragancia de la flor que se va marchitando.

Ocasos que aparecen sin ver la magia del amanecer, nubes oscuras que tapan la luz.

Quitaré la venda que me ciega para ver a aquello que brilla con luz propia.

Tengo un Sol y una Luna pero solo miro a la Luna.

sábado, 18 de mayo de 2019

El velero

Mecidas por el viento, las velas de la embarcación se movían en un vaiven desesperado, queriendo soltarse del palo que las sujetaba.

Desde tierra, ella miraba el velero partir, llevándose lejos sus deseos, arrastrando con el viento su tristeza.

Era un sabor agridulce el que le dejaba su partida, contenta, por su esperada libertad en soledad y triste al mismo tiempo, pues no sabía cuando regresaría de su viaje.

Lentamente el velero pasó a ser un minúsculo punto en el horizonte, se giró y caminando despacio volvió a casa para empezar de nuevo.

jueves, 16 de mayo de 2019

Una guitarra

Paseando por un callejón 
y de  regreso a casa 
he oído una guitarra sonar, 
no he podido evitar pararme, sentarme  en un escalón de la calle y cerrar los ojos
dejando fluir cada nota arrancada de sus cuerdas en mis sentidos.

Me he imaginado sentada en un banco, cerca de una fuente y rodeada de geranios de colores, 
un delicioso momento que en mi tarde de jueves alguien de forma anónima y sin saberlo, me ha regalado.

Hubiera querido prolongar ese momento, 
hubiera querido estar donde mi imaginación me había llevado, 
pero la música dejó de sonar y con ella se fue la magia...

miércoles, 15 de mayo de 2019

El cambio

Igual que la gota de agua que al caer, puede horadar un agujero en la roca,
igual que el calor día tras día va derritiendo icebergs milenarios,
igual que el tornado que con su fuerza arranca árboles grandiosos,
algunos hechos, consiguen derribar la fortaleza que a lo largo de nuestra vida hicimos.
Y ahora, al verla caer lentamente, te preguntas cómo pudiste pensar que todo lo que creaste podía ser tan frágil y te explicas cómo el simple aleteo de una mariposa puede provocar un huracán.