Tengo un Sol y una Luna,
pero siempre miro a la Luna.
Malditos ojos que solo ven lo que quieren ver, cegados por un punto sin dejar de mirarlo.
Oidos atrofiados y sordos a la melodía que suena, oidos que no dejan de escuchar la tormenta atronadora que suena fondo.
Aromas que se escapan cada día, sin alagos, sin casi valorar su presencia, solo echando de menos la fragancia de la flor que se va marchitando.
Ocasos que aparecen sin ver la magia del amanecer, nubes oscuras que tapan la luz.
Quitaré la venda que me ciega para ver a aquello que brilla con luz propia.
Tengo un Sol y una Luna pero solo miro a la Luna.