Cuando el paraguas se abría, se dejaba caer, deslizándose por la tela de colores dando volteretas y saltos acrobáticos, se sentía libre, hacía proyectos y programaba su futuro.
Cuando el paraguas se cerraba se aferraba a la varilla y desde arriba miraba el mundo moverse, quieto, aterrado, pensando en que se caería de un momento a otro, sin saber qué hacer.
Un espectador lo miraba y él lo sabía.
Los dos deseaban que el paraguas se mantuviese abierto.
No hay comentarios:
Publicar un comentario