Como cada mañana pasó por delante de aquella puerta, enorme, herrumbrosa, flanqueada por zarzas y espinos que apenas dejaban un hueco para entrar.
Como cada mañana pasó por delante de aqullea puerta, y una vez más decidió que no entraría, aun a sabiendas, de que dentro encontraría un precioso jardín.
Como cada mañana siguió su camino adelante, pisando las hojas secas que encontró a su paso, apartando con sus manos las ramas del camino.
y pensó, quizás mañana abra esa puerta....
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