Sube a la cima de un cerro y respira hondo,
estira tu cuerpo y escucha el silencio.
Pasea sin prisa por el campo,
Pasea sin prisa por el campo,
oliendo el aroma de las flores que te encuentres en el camino.
Sumergetete en el mar,
disfruta del espectáculo que ofrecen los rayos de sol al entrar en el agua. Siéntate en su orilla a la espera de que salga el sol.
Túmbate bajo las estrellas una noche de verano sin luna
y cuentalas una a una.
Ponte debajo de un aguacero y salta sobre los charcos, como un niño en día de lluvia. Canta en la ducha hasta que te duela la garganta.
Quítate los zapatos y anda sobre la hierba fresca del parque,
siéntate en un banco y disfruta de la gente al pasar o de simplemente habla con un desconocido.
Mira una hoguera en una tarde de invierno y escucha el llanto de los troncos al quemarse. Métete en la cama calentito y lee un buen libro.
Duerme con la ventana abierta mirando el cielo, cierra poco a poco los ojos y sé consciente de que te vas a dormir.
Cuántas cosas por hacer y deleitarse con ellas...
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