Hacía tiempo que había perdido su medalla, esa que le daba suerte.
Como cada día visitaba el lago de aguas profundas cercano a casa y desde el embarcadero lanzaba piedras en él, le encantaba mirar las ondas que se formaban en su superficie, perfectas, circulares, avanzando hacia las orillas.
Por casualidad vio algo brillar en el fondo, estaba seguro de que era lo que buscaba, de que era su medalla, esa que un día nadando dejó de estar en su cuello.
Solo tenía que lanzarse y bajar a por ella, no lo pensaba hacer hoy, pero sabía que estaba ahí y que en cualquier momento podría cogerla.
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