Formando un dueto perfecto, bailan cuerpo y alma cada día una nueva melodía.
Cada día acudía puntual a su cita, entre las 11:30 y las 12 apagaba la luz y cerraba sus ojos.
Tumbada en su cama y acurrucada entre almohadas, se relajaba y se preparaba para su viaje.
Con una respiración acompasada y tranquila, comenzaba a deslizarse por una espiral que poco a poco iba estrechándose, dejándose caer sin rozar sus paredes, flotando mientras entraba en un profundo sueño.
Sin darse cuenta, se quedaba profundamente dormida transladándose con su sueño a otros lugares, lejanos, desconocidos.
Su cuerpo y su alma se separaban, quedando el primero postrado en la cama mientras su alma volaba hasta otra dimensión.
¿Qué ocurría en ese tiempo? ¿qué pasaba en ese lugar?
En aquella nueva dimensión, lugar que cada noche su alma visitaba, ocurría algo maravilloso.
El
alma entraba en un pequeño habitáculo, era como el taller de un
relojero, allí, unos hombrecillos se encargaban de poner tiritas, coser
rotos, extender ungüentos y hablar con ternura a las almas que allí
acudían cada día.
En
su labor a contrarreloj, sanaban las almas, tratando de devolverlas
nuevas, restablecidas, dispuestas a ocupar de nuevo sus cuerpos antes
del amanecer.
A
veces la labor era complicada y al sonar el despertador y llegar el
nuevo día, las almas debían regresar con premura, aún heridas y sin
terminar de curarse, ocupando sus cuerpos reposados y perezosos.
Otras
veces, los hombrecillos terminaban su tarea, volviendo el alma a su
coraza corpórea con tiempo suficiente, totalmente renovadas.
Así,
cada día se levantaba, unos, arrastrando algún pesar que los hacendosos hombrecillos no habían logrado arreglar, otros totalmente repuesta,
dispuesta a luchar cada minuto del día que tenía por delante.
¿Y qué le ocurre al cuerpo?
Los cuerpos, vehículos que acogen a las almas cada día, durante la noche, reposan y se cargan de energía.
Pero en la vida, todo tiene un precio.
Cada noche cuando el alma abandona su cuerpo, y mientras éste reposa, en él van quedando reflejadas las cicatrices que aquella lleva a otra dimensión para ser curada.
De este modo, los cuerpos con cada cicatriz, con cada experiencia desafortunada,van perdiendo minuto a minuto su lozanía.
Los hombrecillos del taller, se nutren de esa lozanía que el alma cede gustosa por ser reparada.
Cuánto menor sea el número de veces que un alma visita la otra dimensión, más tiempo permanecerá el cuerpo joven.
Por eso envejecemos....
Pero no todos envejecen igual, el cuerpo de aquella chica, mostraba más años de los que realmente tenía, su tristeza y su desesperanza, hacían que su alma viajara una y otra vez a esa otra dimensión.
Otras personas por el contrario, a pesar de cumplir años parece que han hecho un pacto con el diablo, se las ve siempre jóvenes, siempre pensando en el futuro, siempre con proyectos e ilusión.
Intenta que tu alma permanezca cada noche en tu cuerpo, de ese modo estarás siempre joven.
Los cuerpos, vehículos que acogen a las almas cada día, durante la noche, reposan y se cargan de energía.
Pero en la vida, todo tiene un precio.
Cada noche cuando el alma abandona su cuerpo, y mientras éste reposa, en él van quedando reflejadas las cicatrices que aquella lleva a otra dimensión para ser curada.
De este modo, los cuerpos con cada cicatriz, con cada experiencia desafortunada,van perdiendo minuto a minuto su lozanía.
Los hombrecillos del taller, se nutren de esa lozanía que el alma cede gustosa por ser reparada.
Cuánto menor sea el número de veces que un alma visita la otra dimensión, más tiempo permanecerá el cuerpo joven.
Por eso envejecemos....
Pero no todos envejecen igual, el cuerpo de aquella chica, mostraba más años de los que realmente tenía, su tristeza y su desesperanza, hacían que su alma viajara una y otra vez a esa otra dimensión.
Otras personas por el contrario, a pesar de cumplir años parece que han hecho un pacto con el diablo, se las ve siempre jóvenes, siempre pensando en el futuro, siempre con proyectos e ilusión.
Intenta que tu alma permanezca cada noche en tu cuerpo, de ese modo estarás siempre joven.
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