Allí, aislada de lo que ocurría a su alrededor, ella, a su vez tejía otra en su mente, una tela que la aislaba del mundo, que la mantenía en un limbo placentero del que no quería salir.
Pasaba el tiempo pero en su sueño, en esa mortaja que la rodeaba, deseaba que el invierno fuera eterno , no quería que llegará la primavera aunque tarde o temprano vendría.
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