Había dejado de llover, podía salir a recolectar los frutos rojos que tanto le gustaban, quería hacer su tarta favorita.
Al salir, su cara cambió y unas lágrimas inundaron sus ojos, su bosque, su espacio, había desaparecido, había sido desolado.
Llamó sin éxito a mariquitas, hormigas y mariposas, nada, no había nadie, se había quedado de nuevo solo.
Se dió la vuelta y de nuevo entró en su árbol, allí se quedó pensando..., se acostó y se dijo a si mismo que mañana lloraría, de todos modos ya no podía hacer nada.
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