Miró a través de la ventana y rozó con sus dedos el frío cristal,
la abrió lentamente y vio que fuera llovía en una primavera recién nacida,
una primavera de ciudad que hacia soñar con lo que debe ser y nunca es.
Se quedó quieta, solo se podían oír los golpecitos de las gotas de lluvia al caer, los golpecitos que una y
otra vez suenan sobre los tejados, solo se podían oir los trinos de los pájaros recogiéndose al atardecer, esos que siempre están ahí pero no escuchamos.
En esa paz y con esa música de fondo, levantó sus ojos hacia un cielo gris y volvió a rozar con sus dedos el frío cristal dejando escapar un suspiro.
Cerró la ventana de nuevo y pensó.... ¡ que lejos estamos de nuestro origen, de lo sencillo, de lo que cada día ocurre de verdad ahí fuera!.
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