Jardines versallescos,
donde los amantes se esconden y se encuentran, se abrazan y se besan en un juego sin fin.
Pasadizos solitarios donde la melancolía del triste, con la vista pérdida mirando a ninguna parte, despliega sus alas.
Laberintos del cerebro donde nuestros pensamientos se pierden por callejones sin salida, en preguntas sin respuesta a la espera de encontrar el camino que le muestre la salida.
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