Desde el instante en que lo vio se prometió protegerlo de lo que pudiera sucederle.
Leyó la carta que tanto esperaba y allí estaba escrito todo.
Secó las lágrimas que rodaban por su mejilla y miró al frente. No se separaría de él nunca mientras viviesen.
La vida reparte unas cartas, a veces son buenas, otras no lo son tanto pero hay que jugarlas y pensar, que a pesar de todo se puede ganar.
Vamos a ganar.
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