Cada día a la misma hora
se sentaba en el paseo ,
con su termo de te verde de naranja y canela y un poco se fruta pelada.
Allí, relajada y buscando la paz,
fundía sus pupilas con el mar azul, proyectando sus pensamientos en el vaivén de las olas,
buscando en los rayos de sol
ese aliado que te reconforta el alma.
.....y algunos días, con tristeza,
pensaba en lo inútil de su labor
y en que le encantaría
rebelarse contra su destino,
pero sabía que no lo haría,
era lo que le daba el pan.
Continuaría allí y
cada día volvería a sentarse
a contemplar un mar azul
en el que fundir sus pupilas.
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