A veces, las flores se marchitan sin casi haberse abierto atrapando el aroma que nunca saldrá ya de ellas.
A veces, el río no llega al mar y las nubes no descargan en el suelo dando vida a la vida.
A veces, rodeada de gente nos sentimos solos y no escuchamos las risas, las voces, solo un susurro lejano que no llegamos a entender.
A veces, sobran las palabras y los silencios lo son todo y te acompañan y se disfrutan, oyendo solo tu voz interior.
A veces es posible soñar despierto y reírse de una realidad que no quieres, que te ha alcanzado sin llamarla, sin buscarla.
A veces, la sombra se la das tú a tu cuerpo, la niebla enturbia tu mirada y las lágrimas no te dejan ver el mar.
A veces la vida es corta y otras es lenta y pesada, como si el reloj que marca el paso del tiempo se hubiese parado.
Y a veces necesitamos gritar, saltar, respirar muy muy hondo, no mirar atrás, coger la mano amiga que se nos tiende y seguir adelante.
A veces, solo a veces...
M Ángeles Hernández García
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