Buceando en un lago trasparente, aguas tranquilas color azul, jugando con las algas, acariciando peces y ranas pasaba su tiempo feliz. Sube a la superficie y le sonríe al sol, se zambulle de nuevo y continúa con sus juegos, agena, inocente, saboreando cada segundo que la vida le regala.
Poco a poco sin quererlo, sin darse cuenta, el agua se va enturbiando, el fondo cada ves más cercano, las aguas tornándose de un gris no le permite ver bien lo que le rodea, cada vez menos peces con los que jugar, cada vez menos algas en las que enredarse, menos rayos de sol iluminando su camino hacia arriba.
Con el tiempo, lodo y fango ensucian el agua, ya no se zambulle, solo nada por la superficie, moviéndose lentamente, avanzando despacio en cada brazada, no quedan peces, ni algas, ni ranas, mundo hostil que borra su sonrisa y su alegría.
Destino inesperado que no le gusta, metamorfosis de una felicidad efímera en el tiempo que está abocada a la tristeza y a la soledad más absoluta.
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