Cerré los ojos y haciéndome la muerta en el pequeño lago me dejé llevar por la suave corriente del agua.
Permanecí quieta, relajada, oyendo mi propia respiración, notando el agua fresca que me envolvía y los rayos de sol que juguetones, se filtraban entre las ramas de los árboles acariciando mi cara.
Allí, en ese espacio, en esa posición, me aislé del mundo, de mis preocupaciones, de mi vida, de mis deseos y anhelos..., quise que ese instante hubiera sido eterno.

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