y de regreso a casa
he oído una guitarra sonar,
no he podido evitar pararme, sentarme en un escalón de la calle y cerrar los ojos
dejando fluir cada nota arrancada de sus cuerdas en mis sentidos.
Me he imaginado sentada en un banco, cerca de una fuente y rodeada de geranios de colores,
un delicioso momento que en mi tarde de jueves alguien de forma anónima y sin saberlo, me ha regalado.
Hubiera querido prolongar ese momento,
hubiera querido estar donde mi imaginación me había llevado,
pero la música dejó de sonar y con ella se fue la magia...
No hay comentarios:
Publicar un comentario